Aquí no hay maná.
Hay tiempo.
Cada marinero de tu tripulación tiene sus propias habilidades y va mejorando a lo largo de la travesía. Aparte está tu mazo, y cualquier marinero puede jugar cualquier carta: la clave está en dar con la mejor combinación. En combate, las cartas no cuestan maná ni energía, cuestan tiempo. Entre combate y combate, tú decides el rumbo. Y si el barco se hunde, la diosa Myrla te devuelve al mar.